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CULTURA NATURA

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+
2 referències
clàssiques del pensament crític occidental:
T. Adorno
& M. Horkheimer; Dialéctica de la Ilustración
neus
buira
8.3.01
Este tema: “Línea de Costa” está
relacionado con “NATURALEZA-CULTURA”,
en la
percepción y comprensión relativa a: “espacio
geográfico”, “material”, “físico”;
a partir de la cual desarrollamos nuestras acciones y valores, . . . nos
organizamos
como sociedad y nos constituimos como cultura.
Es necesario comprender nuestro entorno “natural y
cultural” para poder interactuar en él
de una forma + o – “consciente” y
“libre” ; para poder .
. . ser, entre otras cosas,
“creativos” en él.
El desconocimiento o desinformación de muchos temas
de “actualidad”,
la sobreestimulación de conceptos, imágenes,
formas, …,
hace cada vez más difícil, la llamada
“comprensión” de nuestra realidad.
Seguimos actuando, produciendo, gastando nuestro tiempo y
energía, … ,
en cosas de las que no tenemos un profundo sentimiento ni
conocimiento.
La “superficialidad” en la que ha derivado
nuestra cultura produce exceso de banalidad,
indiferencia, sin sentido, “insensibilidad”
hacia lo más elemental y básico, lo concreto y más
cotidiano.
Nuestra cultura no existiría sin no fuese antes que
nada, parte de la naturaleza, uno de sus frutos,
como la manzana lo es del árbol.
“Si la manzana pudiera tomar conciencia de su
existencia, diría:
<<yo soy lo que el árbol está
haciendo.>>” [1]
Nuestra falta de “conciencia” y/o “memoria
histórica” está reproduciendo un tipo de sociedad,
y una forma de cultura, cada vez más cargada de
problemas “ecológicos” y “éticos”; y en
la que lo
“natural”, la “inmediatez”, y el
“instinto” están cada vez más filtrados por el
cálculo de probabilidades.
¿a dónde nos conduce nuestra forma actual de
vida? ¿qué comportan nuestras acciones?
¿cuáles son los horizontes de nuestra cultura?
¿cómo y con qué valores “diseñar” el
futuro?
son hoy preguntas candentes dentro de la bioética,
tecnoética, política-ética-económica, . . . .
Cuestiones difíciles, muy delicadas, que no pueden
“racionalizarse” desde la mera especulación
teórica, sino partiendo de la experiencia
histórica y el conocimiento práctico del día a día.
La complejidad de este tema: NATURALEZA-CULTURA, más
propicio de la filosofía que del diseño,
requiere, para ser tratado con un mínimo de profudidad, un tipo de reflexión de la
que quizá el “dissenyador”
no está familiarizado, a no ser que se pregunte y
cuestione cosas tipo:
¿por qué hago lo que hago?,
¿cómo interactua lo que hago en el entorno? o . . . .
Ya dentro de la filosofía, no es nada fácil
abordar este tema, porque en él subyacen
las “cosmovisiones” implícitas que ha
elaborado y elabora la cultura occidental desde
Aristóteles hasta Matrix.
Con las siguientes notas, no pretendo dar una
explicación exhaustiva sobre dicho tema,
sino sólo mostrar una idea relativa de su
profundidad.
Los diseñadores no están excentos de
compromiso o “responsabilidad”, cuando
es de su creatividad de dónde se alimenta muy buena
parte de nuestro sistema cultural.
Si el diseño no es sólo forma sino
también función,
cabe preguntarse hoy más que nunca, cuál es la función del
diseñador,
qué papel juega en el entramado social que nos
conforma como cultura.
Supongo que son preguntas un tanto “fuertes”
para personas que todavía se están formando
como profesionales del diseño,
No se responden en 2 días, ni en una frase, sino con
la práctica y la experiencia que cada uno vaya
adquiriendo
sobre su oficio, y sobre sí mismo, la sociedad en la que vive y su
cultura.
2.01
En el siguiente esbozo, facilito algunas referencias
históricas (occidentales) sobre naturaleza-cultura.
Un tema íntimamente ligado a las formas de
interacción, adaptación y subsistencia que desarrollan,
no sólo los humanos, sino todas las formas de vida
orgánica;
relacionado pues con el fenómeno “VIDA”,
y en última instancia con la noción “CO-EXISTENCIA”.
A lo largo de la historia occidental, este tema ha sido
interpretado según las
formas de ver, sentir, pensar, comprender, necesitar,
desear, . . . , de cada época.
Pero cabe destacar que ya desde los primeros relatos
míticos, el origen y desarrollo de la
“cultura
humana”, ha
sido relacionado con las habilidades técnicas, la producción de
herramientas,
la capacidad de generar lenguajes, y formas organizativas
que posibilitan la sociabilidad o convivencia
entre los individuos.
En un sentido amplio, hoy, “cultura” refiere a todo aquello
generado en el marco de una “sociedad”:
técnicas, artes, lenguajes, …, …,
…, religión, ciencia, política, economía, …
incluye tanto infraestructuras como superestructuras.;
abarca desde lo + concreto y particular, hasta lo +
abstracto y general.
son tanto los objetos y espacios que creamos y/o compramos,
como los sueños, deseos y miedos que sentimos.
¡La cultura lo comprende todo!
. . . quizá por ser simultáneamente causa y
efecto de lo que somos.
Sobrevivimos como especie gracias al desarrollo de lo que
llamamos cultura,
pero ya en dicho proceso se revela (se expresa) el contenido de nuestra naturaleza,
La cultura es fenómeno de lo que somos en tanto
naturaleza, forma de vida, existencia.
--NATURALEZA- CULTURA- SOCIEDAD- FAMILIA o CLAN- INDIVIDUO-
constituyen un sistema de relaciones, abierto,
dinámico y en progresiva complejidad,
dentro del cual cada vez resulta más difícil
discernir e intentar delimitar de modo cartesiano,
“claro” y “distinto”, lo que implica cada término,
. . . . (sobretodo en esta época, donde el conocimiento,
como mínimo occidental, se revela en permanente
crisis.) [2]
No resulta fácil, ni cómodo, abordar hoy este
tema, sobretodo cuando no tenemos ningún punto
de vista metafísico des del que sostener una
visión ± simple y coherente,
y cuando de los actuales imperativos tecnológicos, científicos, politico-económicos,
ecológicos y éticos
(como mínimo), surgen palabras como
GLOBALIZACION y SOSTENIBILIDAD,
[hoy por hoy en boca de gran parte de intelectuales,
empresarios, políticos, medios de comunicación, etc.]
de las cuales está todavía por delimitar los
valores de su sentido.
El precario equilibrio entre naturaleza y cultura, hoy tan
denunciado por ecologistas y humanistas,
pone en cuestión tanto el sentido de la
tecnología como los valores ético-morales de la ciencia y
la política-económica actual.
No obstante, cabe recordar que muchas de dichas cuestiones
están ya planteadas en los relatos más
antiguos sobre el origen de nuestra civilización. En
este sentido, recurrir a la historia, no es otra cosa
que apelar a la experiencia pasada, a lo vivido, como una de
las fuentes imprescindibles de
comprensión y de reconocimiento de nuestros problemas
actuales.
notas sobre
NATURALEZA y CULTURA
. . .
Una de las referencias ineludibles a la hora de empezar abordar esta
cuestión,
es la que nos aportan algunos de los primeros “mitos” sobre
el origen de la cultura.
Tanto en los dos relatos de Hesíodo: Teogonía, 507-616, y Trabajos y días 42-105;
como en el diálogo platónico Protágoras, se hace hincapié en la figura de <<Prometeo>>
como portador del fuego, elemento transformativo por excelencia; relacionado
a su vez con
la habilidad técnica que desarrolla el ser humano frente al resto de
animales, para lograr
la adaptación al medio y su supervivencia. [3]
. . .
·
s. V a.c.
Platón, en boca de Protágoras, daba así
explicación al origen de la civilización humana:
“Hubo una vez un tiempo en que existían los
dioses, pero no había razas mortales.
Cuando también a éstos les llegó el
tiempo destinado de su nacimiento,
los forjaron los dioses dentro de la tierra con una mezcla
de tierra y fuego.
Y cuando iban a sacarlos a la luz, ordenaron a Prometeo y
a Epimeteo que
los aprestaran y les distribuyeran las capacidades a cada
uno de forma conveniente.
A Prometeo le pide permiso Epimeteo para hacer él
la distribución.
<<Después de hacer yo el reparto, dijo,
tú lo inspeccionas.>>
Así lo convenció y hace la
distribución.
En ésta, a los unos les concedía la fuerza
sin la rapidez y, a los más débiles,
los dotaba con la velocidad. A unos los armaba y, a los
que les daba una naturaleza inerme,
les proveía de alguna otra capacidad para su
salvación. A aquellos que envolvía en su
pequeñez, les proporcionaba una fuga alada o un
habitáculo subterráneo.
Y a los que aumentó en tamaño, con esto
mismo los ponía a salvo.
Y así, equilibrando las demás cosas,
hacía su reparto.
Planeaba esto con la precaución de que ninguna
especie fuera aniquilada.
Cuando
les hubo provisto de recursos de huida contra sus mutuas destrucciones,
preparó una protección contra las
estaciones del año que Zeus envía, revistiéndolos con
espeso cabello y densas pieles, capaces de soportar el
invierno y capaces, también,
de resistir los ardores del sol, y de modo que, cuando
fueran a dormir, estas mismas
les sirvieran de cobertura familiar y natural a todos. Y
los calzó a unos con garras y
revistió a los otros con pieles duras y sin
sangre. A continuación facilitaba medios de
alimentación diferentes a unos y a otros: a
éstos, el forraje de la tierra, a aquellos,
los frutos de los árboles y a los otros,
raíces. A algunos les concedió que su alimento
fuera el devorar a otros animales, y les ofreció
una exigua descendencia, y , en cambio,
a los que eran consumidos por éstos, una
descendencia numerosa, proporcionándoles
una salvación en la especie.
Pero, como no era del todo sabio Epimeteo, no se dio
cuenta de que había gastado
las capacidades en los animales; entonces todavía
le quedaba sin dotar la especie humana,
y no sabía qué hacer.
Mientras
estaba perplejo, se le acerca Prometeo que venía a inspeccionar el
reparto,
y que ve a los demás animales que tenían
cuidadosamente de todo, mientras el hombre estaba
desnudo y descalzo y sin coberturas ni armas.
Precisamente era ya el día destinado,
en el que debía también el hombre surgir de
la tierra hacia la luz. Así que
Prometeo, apurado por la carencia de recursos,
tratando de encontrar una protección
para el hombre, roba a Hefesto y a Atenea su
sabiduría profesional junto con el fuego
– ya que era imposible que sin el fuego
aquélla pudiera adquirirse o ser de utilidad a
alguien- y, así, luego la ofrece como regalo al
hombre.
De este modo, pues, el hombre consiguió tal
saber para su vida;
pero carecía del saber político, pues
éste dependía de Zeus.
Ahora bien, a Prometeo no le daba ya tiempo de penetrar
en la acrópolis en la que mora
Zeus; además los centinelas de Zeus eran
terribles. En cambio, en la vivienda, en común
con Atenea y de Hefesto, en la que aquéllos
practicaban sus artes, podía entrar sin ser
notado, y , así robó la técnica de
utilizar el fuego de Hesfesto y la otra de Atene
y se la
entregó al hombre. Y de aquí resulta la posibilidad de la vida
para el hombre;
aunque a Prometeo luego, a través de Epimeteo,
según se cuenta, le llegó el castig
de su robo.
Puesto que el
hombre tubo
participación en el dominio divino a causa
de su parentesco con la divivinidad, fue, en primer lugar, el
único de los animales
en creer en los dioses, e intentaba construirles
altares y esculpir sus estatuas.
Después, articuló rápidamente,
con conocimiento, la voz y los nombres, e inventó sus casas,
vestidos, calzados, coberturas, y alimentos del campo.
Una vez equipados de tal modo,
en un principio habitaban los humanos en
dispersión, y no existían ciudades.
Así que se veían destruidos por las
fieras, por ser generalmente más débiles que aquéllas;
y su técnica manual resultaba un conocimiento
suficientemente como recurso para la
nutrición, pero insuficiente para la lucha
contra las fieras. Pues aún no poseían el arte
de la política, a la que el arte bélico
pertenece. Ya intentaban reunirse y ponerse a salvo
con la fundación de ciudades. Pero, cuando se
reunían, se atacaban unos a otros,
al no poseer la ciencia política; de modo que
de nuevo se dispersaban y perecían.
Zeus, entonces, temió
que sucumbiera toda nuestra raza, y envió a Hermes
que trajera a los hombres el sentido moral y la
justicia, para que hubiera orden en las
ciudades y ligaduras acordes de amistad.. (…)” [4]
A diferencia de Hesíodo, en dicho relato, no es sólo el
fuego y el desarrollo de las habilidades
técnicas lo que da origen a la cultura humana, sino
también la téchne
politiké o técnica
política o arte de convivir en las ciudades de acuerdo con unas
leyes moralmente válidas
para todos.
[No es sólo la técnica sino también,
todo aquello que permite la sociabilidad o convivencia entre los humanos.]
La cultura, en dicho sentido, apunta hacia un equilibrio entre las
necesidades básicas de
sustento y la necesidad de alcanzar unos acuerdos o valores comunes, un
orden político,
para el desarrollo de las sociedades.
Ya en su versión mítica, la naturaleza yace
implícita como sustrato o fundamento de
la “creatividad cultural” que caracteriza a
lo humano, así como medio y entorno
para su existencia; . . . .
En dicha visión platónico-prometeica, naturaleza-cultura
están integradas, será más tarde,
sobretodo en la edad media, donde dicha concepción se escinde,
resultado de la dualidad
lógica y existencial entre fe y razón, alma y cuerpo, vida
contemplativa y vida práctica,
entre teoría y praxis (empíria) . .
. .[5]
. . .
. . .
· s.
XV -XVI
Dicha controvertida escisión entre teoría y praxis,
entre teóricos “calculadores” y prácticos
“experienciando”,
abarca desde los griegos hasta el renacimiento, siendo a partir de los
s. XV y XVI
donde se produce una creciente unificación de la ciencia y la
tecnología
(por aquel entonces: ‘filosofía de la
naturaleza’ y técnica).
Dicho de otro modo, en el
renacimiento, ambos términos,
naturaleza y cultura,
siguen estando en manos de estamentos distintos, por un lado los
“filósofos de la naturaleza”
cuyo saber era teórico, y por el otro, los artesanos, cuyo saber era práctico.
Es en el transcurso de estos 2 siglos donde se inaugura el proceso de
integración de estos
dos saberes y formas de conocimiento.
Artistas-ingenieros-sabios
como Leonardo da Vinci [6] o teóricos-ingenieros-inventores
como Galileo[7] son los paradigmas y precursores de un nuevo ideal
de saber, en las que
las nociones de “naturaleza”, “espacio” y
“causalidad” adquieren un nuevo significado.
…
En esta época, el ascenso de la actividad técnica, la
demanda de una mayor eficacia en
los terrenos políticos y económicos, la lucha y
reivindicaciones socioculturales por el
reconocimiento de los técnicos; la creencia en el desarrollo
indefinido de las posibilidades
humanas, …; todo ello sienta lentamente las bases de la nueva sociedad moderna,
en la que la técnica pasa a ser parte integrante e
progresivamente “esencial” de la cultura. a
Es pues en el renacimiento donde se inicia la instauración de un
orden “realista” y
“burgués”
debido en buena medida a la actividad racional de comerciantes, banqueros, empresarios e
ingenieros, a la demanda de cálculo y racionalidad en las
operaciones tanto políticas como
económicas, así como una potenciación de la
unión (interdisciplinariedad) de saberes (geómetras-
pintores-ingenieros).
El progresivo alejamiento del mundo de las esencias y una la inclinación
hacia
un conocimiento experimental de la realidad, dio fruto a un orden + “realista”
y material,
en el que la naturaleza y el
universo entero, empieza a concebirse como
una gigantesca máquina, como la “espresión de un código”,
algo a “descifrar” bajo la acción conjunta de la ciencia y la
tecnología.
Estaba cambiando la percepción del entorno. Estamos
en los inicios de la cultura moderna.
La naturaleza sigue siendo “divina” pero también
“cuantificable” con la ayuda de los nuevos
artefactos, inventos, instrumentos de cálculo y de
medición surgidos en aquel entonces.
Dicha voluntad de “desciframiento” y “desencantemiento” es la que caracteriza toda
la historia “moderna” de nuestra cultura.
… invenciones como el cañón, la imprenta,
o el reloj, entre otros, representan no sólo un salto cualitativo
respecto a la técnicas y artefactos desarrollados con anterioridad,
sino que introducen nuevas formas de
comprensión, acción y transformación
de la realidad social.
[Relojeros y
comerciantes sustituyeron el tiempo cíclico de los campesinos y
eclesiásticos por el
tiempo lineal, homogéneo y mensurable del reloj. Y
cabe recordar también, como característico de esta
época, el auge de la alquimia, la “ciencia del fuego”, que posteriormente en el s.
XVIII, dará lugar a la
química como disciplina científica.)
. . .
·
s. XVII
Dicha integración de teoría y práctica, dicho “nuevo ideal de saber”,
se consolida en este siglo, dando lugar a la “revolución científica del s. XVII”,
momento a partir del cual se constituye la ciencia moderna en su sentido clásico (mecanicista)
y que junto a las ya existentes cosmovisiones religiosas, constituyen en
aquella época,
el marco cognitivo y explicativo de la realidad, la naturaleza y la
sociedad.
Para la nueva ciencia conocer equivale a analizar y componer,
“no se comprende
verdaderamente más que lo que uno mismo fabrica”.
De ahí también surge el “patrón
universal” de la ciencia mecánica:
"saber algo significa saber cómo se opera con ello",
leif motiv de la nueva
<<ciencia “real”>> representada, entre otros,
por William Gilbert, Galileo y Francis Bacon. [9] y que posteriormente,
nos conduce al mecanicismo newtoniano del s. XVIII y XIX.
A partir del s. XVII en adelante, ya no es sólo el
conocimiento especulativo, teórico,
sino también el conocimiento
técnico-experimental, lo que aboga por el desciframiento de
la naturaleza, la cual va perdiendo paulatinamente su
carácter animista y mágico,
para ser caracterizada progresivamente como modelo
mecánico-físico-matemático.
La cultura científica y tecnológica empiezan
ya a mover los cimientos de las cosmovisiones
religiosas. La relación naturaleza-cultura, ya no es
contemplada como una relación armónica
asistida por los dioses, sino como una tensión de
fuerzas antagónicas, en las que la cultura
tecnológica ejerce una clara voluntad de poder y
dominio sobre la naturaleza.
En el siguiente fragmento de Francis
Bacon,
(padre de las ciencias experimentales, de la interrelación
observación-experimentación-teoría),
tras hacer una crítica a la tradición meramente
especulativa, todavía existente en su época;
hace hincapié a la posibilidad de “ser amos” de la naturaleza, no sólo
en la teoría sino
también en la práctica.
(La ambigüedad de dicho fragmento, revela la contradicción
que hoy tienen que afrontar las concepciones deterministas
de la ciencia y la tecnología, . . . lo que subyace en el fondo
es el hecho que la creatividad está estrechamente
unida no sólo a la necesidad, sino también al azar,
lo imprevisible, lo interderminable cientítica y
tecnológicamente.)
“. . . , la credulidad, la
aversión frente a la duda, la precipitación en las respuestas,
la pedantería cultural, el temor
a contradecir, la falta de objetividad, la indolencia en
las propias investigaciones, el
fetichismo verbal, el quedarse en conocimientos parciales:
todas estas actitudes y otras semejantes han impedido el feliz matrimonio
del entendimiento humano con la
naturaleza de las cosas
y, en su luga,
lo han ligado a conceptos vanos y
experimentos sin plan.
Es fácil imaginar los frutos y
la descendencia de una relación tan gloriosa.
La imprenta, una invención tosca; el cañón, una que estaba en el aire;
la brújula, en cierto modo ya conocida antes:
¡Qué cambios no han originado
estos tres inventos, uno en el
ámbito de la ciencia, otro en el de la guerra,
el tercero en el de la economía, el comercio y la
navegación!
Y nos hemos tropezado y encontrado con ellos, repito,
sólo de casualidad.
Por tanto, la superioridad del hombre reside en el saber: de ello no cabe la menor duda.
En él se conservan muchas cosas que los reyes con todos sus tesoros
no pueden comprar,
sobre las cuales no rige su autoridad,
de las cuales sus espías y delatores no recaban ninguna
noticia y hacia cuyas tierras de origen
sus navegantes y descubridores no pueden enderezar el curso.
Hoy dominamos la naturaleza en
nuestra mera opinión, mientras estamos ‘sometidos’ a su
necesidad; pero si nos dejásemos guiar por
ella en la invención,
entonces
podríamos ser sus ‘amos’
en la práctica." [10]
Francis Bacon (s. XVII)
No sabemos que intentaba decir exáctamente Bacon con “ser sus amos en la
práctica”,
ni que pensaría hoy Bacon si viese a lo que nos ha
conducido el desarrollo sin freno
de la tecnología. Lo que sí que está claro es que Bacon, en
aquella época,
apuesta por unos “hechos”, que casuales o no, estaban
cambiando lentamente nuestras
relaciones laborales y sociales. La tecno-logía se contempla como
nuevo poder social
emergente, y diferente del religioso o político. Un poder que se
consolida ya en el s. XVII
y que en los 2 próximos siglos cambiaría el rumbo de la
cultura e historia occidental, . . .
así como las formas o relaciones de poder entre . . . naturaleza
y cultura . . . .